Cargando el Blog....

La Unidad 731.


A lo largo de la historia del hombre, vemos que éste, parece ser la única especie de este planeta que comete atrocidades contra sus prójimos.

Nos escandalizamos cuando pensamos en todas las barbaridades que cometieron los Nazis contra el pueblo Judio... pero no fueron, ni serán los únicos.

Aqui no trato de causar morbo, solo contar la historia de otra Casa de los Horrores que en nombre de la ciencia y del descubrimiento levantó el ejercito Japones.

En 1936, el Ejército Imperial japonés desarrolló su propio equipo de “investigación médica”, conocido como Unidad o Escuadrón 731. Formada por médicos y científicos de distintas especialidades, sometió a horribles torturas a unas 10.000 personas cada año, la mayor parte de ellas soldados chinos, rusos o estadounidenses cuyas aeronaves habían sido derribadas en el frente del Pacífico.

Los elegidos para las pruebas eran denominados “marutas” (troncos en chino), y recibían una buena alimentación y trato, para poder obtener buenos resultados en las pruebas.

Las terribles prácticas a las que fueron sometidos los prisioneros incluían ser colgados boca abajo hasta la asfixia, vivisecciones, enterramientos en vida, la inyección de aire en las venas o ser introducidos en cámaras de altas presiones, entre otros muchos horrores.

Todo un repertorio macabro que generó miles de víctimas y que constituye uno de los episodios más negros de la contienda. En Japón, aún hoy la simple mención de la Unidad 731 causa rechazo, malestar, incredulidad e incluso negación. A pesar de esto, las autoridades niponas anunciaron recientemente la apertura de una nueva investigación sobre los restos humanos hallados en una fosa común descubierta en 1989, en la que se encontraron más de cien cadáveres que, se cree, corresponden a víctimas de la macabra unidad.

Los cuerpos presentan señales de cortes de sierra, así como perforaciones en los cráneos. Al parecer, la mayor parte de los restos corresponden a asiáticos no japoneses, por lo que se cree que podrían pertenecer a prisioneros chinos. Además, la nueva investigación planea realizar nuevas excavaciones en enclaves señalados por Toyo Ishii, una antigua enfermera que formó parte de la unidad, y que ha facilitado importantes datos sobre sus prácticas.

Según Ishii, en el hospital donde ella trabajó existían tres morgues donde los cadáveres eran introducidos en formol antes de ser diseccionados. La anciana explicó también que semanas después de la rendición de Japón en agosto de 1945, recibieron órdenes de sus superiores para que ocultaran todos los restos humanos relacionados con sus “experimentos”. Fueron tantos los cadáveres enterrados antes de la llegada de los aliados que Ishii califica de imposible la tarea de cuantificarlos.

Debido a las grandes nevadas durante la guerra en Europa, los soldados Japoneses tenían poca resistencia a las bajas temperaturas, por lo que en la Unidad 731, fue de vital importancia este estudio. Unos prisioneros desnudos, eran sometidos a temperaturas de hasta 30º bajo cero. Luego eran golpeados hasta sentir los huesos congelados, una vez comprobado, se experimentaban técnicas de descongelamiento, para poder aplicarlo en soldados Japoneses en el frente.
Otras de las atrocidades que sufrieron los “Troncos” fueron suspensiones en piletones boca abajo, para calcular el tiempo que tardaban en ahogarse, inyecciones de aire para hacer estudios mas cercanos de las embolias, etc.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Ishii y sus subordinados, luego de un pacto de silencio, destruyeron las instalaciones y evidencias, dejando en el anonimato (con un tinte de leyenda) lo sucedido en la factoría del horror.

Pero Estados Unidos poseía información sobre esta actividad y los científicos deFort Detrick, Maryland (Unidad encargada de la investigación de la Guerra Biológica en USA), comenzaron entrevistas con los ex militantes de la Unidad 731.

Tanto Ishii como sus colaboradores, negociaron con Estados Unidos el privilegio de no ser juzgados por los tribunales
a cambio de los resultados de sus experimentos y que esa información no fuera filtrada a la Unión Soviética.

En 1986, Max MacClain, ex prisionero del campo de concentración experimental, recuerda a su compañero de cuarto, que luego de recibir varias inyecciones, fue diseccionado.

Otros experimentos recordados por MacClain, eran los que se hacían
con ántrax. Un prisionero era atado a un mástil y se hacían estallar bombas de ántrax (enfermedad híper contagiosa, que produce ulceraciones en la piel, envenena la sangre y mata a 9 de cada 10 infectados) para ver el tiempo de resistencia de un ser humano.



Las armas no eran la excepción a las pruebas y tanto fusiles, granadas, lanza llamas, eran probados con prisioneros vivos, para conocer su efectividad.

Tanto Estados Unidos como Japón, han negado estas atrocidades, a pesar que se hicieron públicos una colección de informes oficiales sobre el tema.

En una entrevista a Tomshimi Misibushi (ex miembro de la Unidad 731), con gran frialdad, podemos escuchar como detalla la autopsia en ser humanos vivos:

Hacia las incisiones desde aquí, hasta aquí (señalando el cuello) y luego a lo ancho del estomago. Primero gritaban, pero luego perdían la conciencia”
“La primera vez, dudé mucho sobre lo que me ordenaban hacer. La segunda ya me acostumbré y la tercera ya lo hice mas o menos voluntariamente” “Tienen que entender, que los “troncos” estaban allí, para propósitos experimentales” “Me enorgullezco de haber pertenecido a esta unidad” “ Fue la primera del mundo que usó armas biológicas en combate”.



El saldo de esta “locura científica” fue de más de 10.000 muertos en las más atroces maneras que puedan imaginar.

Increíblemente, tanto Ishii como sus colegas, siguieron sus vidas como grandes científicos. Con cargos en los altos mandos de la industria frigorífica, entes estatales, y hasta en asociaciones de gran renombre en Japón y los Estados Unidos.

Pero lo mas llamativo es que antes de su muerte en 1959 (cáncer en la garganta), Shiro Ishii llego a ser gobernador de Tokio y presidente de la Asociación Médica y del Comité Olímpico del Japón en la posguerra.



Share/Bookmark

0 comentarios:

Tu opinion sobre este post